El sustrato de valor y su medición
§4 El sustrato (V1-V5)
El sustrato tiene cinco capas. V1, Transformador de Valor: cualquier persona, empresa, institución, ecosistema o agente que consume, transforma, crea o destruye valor. V2, Valor Multidimensional: el vector-Æ de diez ejes, cuyos ejes siguen siendo distintos y solo se vuelven comparables para las decisiones públicas mediante pesos fijados democráticamente. V3, Flujo de Valor: una transferencia dirigida con origen, destinatario, Æ-delta, coste, tiempo, confianza, procedencia y un ciclo de vida que va de lo Potencial a lo Planificado, lo Realizado y lo Retrospectivo.
V4, Antivalor: el daño representado como objeto de primer orden, nunca ocultado al compensarlo con la ganancia económica. V5, Marco de Valor: la perspectiva soberana desde la que un actor interpreta el valor. Los ciudadanos, las familias, las empresas, las comunidades y el Estado conservan cada uno su propio marco; el marco del Estado no es una verdad de cúspide. Sus pesos votados vinculan las decisiones públicas, no el sentido privado.
§5 La medición, la disciplina que soporta la carga
La medición es donde la doctrina vive o muere, y es deliberadamente humilde. Se mantienen estrictamente separadas dos cosas. Los efectos se miden: lo que un bien o un daño designado realmente hace se cuenta únicamente allí donde un método publicado sostiene el recuento, y toda lectura lleva consigo su método, su margen de confianza, su procedencia, su calibración y su vía de impugnación. Los pesos se votan: cuánto cuenta cada eje es una decisión democrática, asumida como política, nunca disfrazada de ciencia. La cardinalidad reside en el efecto medido; la agregación reside en el voto.
Toda lectura pasa por una compuerta de confianza: el sensor emite un valor y una confianza, y escala su corrección según la segunda; la incertidumbre radical significa un peso escaso de evidencia, no una probabilidad baja, y el Estado se niega a actuar sobre cifras seguras que descansan sobre nada. Una amplia capa de indicación (estadísticas que informan la elección privada) se sitúa sobre una pequeña capa de cargo (correcciones condicionadas por la designación democrática y por un efecto medible, nunca un precio preexistente). Y las propias categorías se auditan: la rectificación de los nombres mantiene toda definición (renta, daño, suelo, lo no ganado) anclada a la verdad de las cosas, porque un marco de valor cuyos nombres se van desplazando termina en un público que ya no puede saber qué recompensará o coaccionará el Estado.